lunes, 12 de noviembre de 2012

3. Pie Forzado

Saturno Devorando a un Hijo
 (Francisco de Goya)
El pie de la fotografía decía: “Saturno devorando a un hijo”. Sin embargo, alguien lo había tachado con bolígrafo y había añadido la palabra “Satán” a su lado. Fruncí el ceño, confundido. Juraría que eso no estaba ahí la última vez que ojeé este libro, aunque de eso hacía ya varios años, por lo que alguien podría haber estado mirándolo y no me habría dado cuenta de ello. Pero, ¿quién? Las únicas personas que podían entrar en mi cuarto eran mi madre y mi padre. Y no veía razón alguna por la que ellos quisieran coger ese libro en particular y escribir la palabra “Satán” en él. Decidí girar la hoja en busca de la frase y el nombre que realmente estaba buscando y al fin los encontré. Tan solo un par de páginas detrás de aquella fotografía se encontraba aquel nombre “Andrew M. Grint” y la frase que adornaba su lápida (“No son muertos los que yacen en la tumba fría, muertos son los que tienen el alma muerta y viven todavía”). Por lo que pude leer, el pasaje donde aparecía aquella frase parecía una especie de artículo que hablaba sobre ese tal Andrew y su particular obsesión con el mundo espiritual y las almas humanas. Según aquel libro, empezó a delirar creyendo ver el alma de las personas, vivas y muertas. Tragué saliva y me pregunté por qué demonios guardaba yo aquel libro en mi cuarto. Iba a cerrarlo con la idea de olvidarme de toda aquella paranoia cuando reparé en una frase escrita a mano al principio de la hoja contigua. La letra era la misma de antes, y esta vez decía: “Pienso que si el diablo no existe y en consecuencia el hombre lo creó, lo hizo a su imagen y semejanza” Fiódor Dostoyevski. 

¿Qué relación tenían todos esos nombres y aquellas frases? ¿Quién demonios había cogido mi libro para escribir todo aquello en esas páginas? ¿Y por qué esas páginas en particular? En ese momento pensé que lo más racional sería dejar el libro en su sitio y olvidarme de toda esa locura. Seguramente esas anotaciones llevaban siglos allí escritas pero nunca me había fijado en ellas. O puede que tal vez simplemente no lo recordara, después de tantos años sin tocar el libro. Pero algo en mí me estaba pidiendo a gritos que siguiera investigando; que había algo importante detrás de todas esas anotaciones y que me incumbía más de lo que quería pensar. Me encantaría deciros que dejé el libro en su sitio, o mejor, que lo quemé y todo quedó en una simple anécdota. Pero eso habría sido demasiado maduro, y aburrido, ¿no creéis?

4 comentarios:

  1. Ya tenía ganas de leer algo más :))

    Interesante... esto se va poniendo muy interensante ^-^

    Besos!!!

    Sara.

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  2. La última frase, ¡simplemente genial! Me ha encantado. :)

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  3. Te deja con ganas de leer más. Me ha gustado :)

    Isabel

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  4. Sinceramente, muy bueno! Con ganas de seguir leyendo más, estaré atenta a tus posts!

    Un saludo.

    Paula.

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